Una declaración de amor

Una declaración de amor...
...en los amaneceres.
Nuestro amor es como el de dos extraños en un tren.
Se miran, se sonríen, se sonrojan y vuelven a perderse en el paisaje.
Afuera es todo multicolores,
es la velocidad derrotando al tiempo y alcanzando la muerte,
mientras vos y yo estamos tan cerca,
puedo oler tus labios y mirar tu aliento como me circunda.
Después, dormís contra la ventana,
todo es paz, toda la luz te inunda y no me animo a arroparte
porque sos de los que esperás y no de lo que podrías tener conmigo.
Y así, nos volvemos a encerrar en un viaje que marca los destinos de los amantes sin amaneceres.
Solo podré abrazarte para que soñés.
Solo podré alegrarte para que sigás.
Solo podré endulzarte para que empecés a sentir calor,
de ese mismo que deberás regalar a otros paisajes que mirarán pasar el tren
de los amantes que no fueron,
ni en beso ni en pasión ni en el amor.

...en los atardeceres.
Cuando algo se perdió, se perdió.
Podremos encontrarnos en nuevos años,
podremos recorrer el río de la ilusión,
pero ya estaremos más viejos que hoy para atravesar los campos de cerezas.
No habrá postre que decorar,
solo paredes descaradas por el beso que no fue
y cuadros con humedad como sé que el universo nunca hubiera conspirado para atraernos más.
Y así se mueren los atardeceres sin que podamos enfrentarnos,
sin que yo pueda enfrentarte y decirlo a los vientos del mundo
y que cada nube precipite sus mieles en otros cuerpos,
de esos que se quedaron estancados para que puedan saberse en amor.
No será esta vez. ¿O sí?
Dependerá de tu canción y de tu danza,
de mi valentía y de saberte con las ganas de saber de mí.
...en los anocheceres.
Pasó los días mirando su celular,
una bendita palabra para atrapar la vida,
y yo enfrente.
Pasamos, paso, pasa, somos pasajeros
y aunque significamos lo dejamos ir.
Están los anocheceres, esos que me regaló para empezar a disipar las nieblas,
En una frase, en una sonrisa, en un desprendimiento de anécdotas y cerebro.
El celular se desvanece como se pulveriza la conexión.
Me quedará aquel recuerdo de estar tirados
sin pasto ni champán, sin fogata ni alfombra.
Solo vos y yo.
Tu circular manera de volver a repetirte
y sin embargo, dándome pureza para entender que aún tengo la oportunidad.
No habrá más que mis hombros para flexionarlos hacia arriba en un gesto inseguro por otra decisión que hayas tomado
y estarán tus hombros para que sepás que allí debés afirmar lo que vendrá.
...en tiempo y espacio.
Fueron tres cálidas maneras de despedirme de tu sombra,
de entender que tu mirada se escapó hace tiempo
en cada revolución que alguien cercano te provocaba.
Me fui consumiendo lentamente,
ardían mis entrañas y sonreía una vez más para darte el valor de que puedas seguir.
Creo que hoy es suficiente.
¡Basta!
Ya es suficiente.

Diego TL
img: Sebastián Scott

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