Los fantasmas rondan

Los fantasmas rondan.
Andan.
¿No los viste?
Acechan en cada viaje.
Pueden atraparte con un beso o pueden devorarte.
Está en vos la protección que te regales
o te caerás con un puño derrotado que despertó al sabor de tu piel.
Fue bueno mientras duró la sensación.
Ahora, por fin, la realidad nos aplastó.
La manera, el camino, el destino,
las miradas, los roces, los lamentos; 
todo será parte del juego y de la penitencia.
¿Por qué estoy tan contento cuando estoy quemándome en silencio?
¿Por qué no estoy vencido a pesar de haberme rendido tantas veces?
¿Por qué atravieso las calles solo por andar, sin madrugadas que recordar?
¿Por qué los que me prometieron lectura les dieron paso a los anónimos jugosos?
Fantasmas. 
Fantasmas en la niebla. 
Una niebla desquiciada. 
Nadie es perfecto, por suerte. 
Puedo arroparme en otras sábanas sin reptar.
Hoy salió el sol, bien temprano, como para no despertar a nadie.
Despacito me senté bajo un tremendo ombú.
Sentí la vibra. 
Sentí que nadie podrá alejarme más.
Sentí que entre dos cuerpos fantasmas se puede nacer.
Lo sé, lo creo, lo veo, se siente en el agujero que había.
De tanto escarbar nada queda.
De tanto vaciar algo habrás llenado.
De tanto esperar los ojos se cierran.
Andamos. 
Como fantasmas que se quieren divertir 
abriendo puertas, 
cerrando ventanas. 
Otras puertas cerraron fichas, 
otras ventanas abrieron fuego, 
otros fantasmas recorren el patio de los sueños 
mientras gira todo en torno a vos.
Derretime de una vez, 
clavame el aguijón, 
destroname del palacio de los puercos
y desaparezcamos.


Diego TL
img: Sebastián Scott

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