Algunos irían a peinar por otros lados,
otros se podrían a escribir.
Alguien me salvó la vida anoche.
No recuerdo las páginas. Sí, su poesía.
Algunas palabras que concuerdan, otras que riman,
muchas que no encuadran con la lógica,
pero cuándo hay lógica en la poesía.
El papel comienza a llenarse solo de palabras.
Muecas que intentan hacerme despertar
porque no encuentro la alarma, aunque están todas activadas.
Es un domingo lluvioso, tempranero por la resaca que convida
otro cóctel,
otra misteriosa letra en el cristal y hasta el fondo para
limpiar.
Así que mejor vivo que muerto, aunque visite los cementerios
de vez en cuando
solo para elegir la sombra que me cobijará.
Así que peor muerto que vivo, aunque despunte en las mañanas
el dedo la sien
solo recordarme que aún puedo jugar.
Me vuelvo a despertar con otro trago, esos ácidos que te
vuelan la cabeza.
Las respuestas vuelven a salir, pero no encuentro las
preguntas.
Y de repente un caramelo, esos matices que la vida te
regala,
y no es que la dulzura me conmueva, solo que me quedo un
rato más haciendo zapping
a los pensamientos que desbordan mi existir, que me
aprietan, que me comprimen y destierran.
El papel está un poco escrito con garabatos erráticos y
nauseabundos.
Te vi en una foto y te quise despertar. Era tu foto en otra
pared sin vainilla, sin frutilla.
Y está bien porque no sos ni la orquídea de los martes ni un
antojo.
Solo despertar y ver…
Solo reaccionar a tiempo…
Solo mudar de ropa y de piel para salirme de este infierno
agotador,
y no es que haya fuegos salvadores. No para mí. Solo para
los fénix del mordisco.
Doy vuelta la página para continuar.
Una fila de sonrisas se perfila ante mí.
Me descubro tan bonito en ese instante,
me doy cuenta que el sueño me ha ganado la partida, otra
vez.
Reinventarme en otros tragos, en otras alarmas, en otros
despertares
y quizá, alguna vez, te pueda despertar de verdad.
Por ahora, subo el dedo, ¡bum! Y a seguir respirando…
Diego TL
img: Sebastián Scott

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