Se parten los vientos en este atardecer.
Podrás dejarte tu sombrero puesto para seducirme
Este finde había sido distinto,
de esos que suelen transformarlo todo.
La cabeza dijo ¡basta! y el cuerpo ya no respondió.
Un palo santo encendido, una tina fría, recostarme a no pensar,
la cama, un paño helado, la soledad interior, de esas que suelo
saborear.
Después, llegaron las pastillas que no tomé,
llegaron los tragos que rechacé, llegaron las introspecciones.
Fue un finde de no pensar o de pensar en nada, de sentir
y ver lo lindo que está al alcance: los ojos del amor, la música que
salva,
las películas que dan los signos para recuperar la guía,
porque de eso se trató: parar y ver, recuperar, recuperar la esencia,
la fraternidad, la alegría por vivir, otra vez.
Cerré el teléfono, apagué la puerta, desconecté las visitas, no atendí
las redes.
Fui de nuevo, volver a mí, sentir que es posible,
mirando al fondo porque debajo de tanta basura y de tanta miseria hay
algo latiendo.
Latir, volver a ser feliz.
Latir, y no esperar más de la gente.
Latir, y hacer el bien y dejar ser.
Latir, y respirar las cosas que bien hacen.
Latir, y desestructurarnos.
Latir, y desatormentarnos.
Latir, y descubrir que aún estás y la distancia infinita que nos separa
en apenas unos metros puede esfumarse con ese latir.
No sé por qué soñé con Goyeneche.
Un vago desencuentro, una última curda, nos vimos, pucho en mano, como
dos extraños.
Hicimos una selfie, luego él se fue rodando por Callao en un tierno
bandoneón sin luna,
sin Ferrer.
Me desperté y no era fiebre ni delirios ni estrés,
ya era latir de generosidades, de algunos pájaros llegando a mi balcón
a regalarme compañía.
Y el cielo abrió por la mañana a la poesía, desconectó los cables
y los fantasmas del temor perdieron la batalla.
Buen día vida, buen día soles, buen día día.
De eso se trata, latir.
Latiendo, las cosas van a mejorar.
Latiendo, no hay tornados que lo arrasen todo.
Latiendo, me desenrosco y me ilumino para ser.
Latiendo, encuentro los compases en la melodía.
Latiendo, puedo elevarme con una pequeña ayuda de mis amigos.
Latiendo, podrás decir que estoy piantao y el universo conspirará igual.
Latiendo, los sueños se van convirtiendo en realidades fantásticas,
aunque las pálidas de cada día arrojen sombras para confundirlo todo.
El tren está presto para salir.
Abordaron el poeta y la voz.
El camino es para siempre.
El camino es para siempre.
El gusto ha sido mío.
(Llorame un río de linyera corriendo en la avenida).
Diego TL
img: Sebastián Scott
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