Yo no te poseo. No. Jamás.
Poseo mis discos, mis libros, mis películas de Woody Allen y Viaje a las estrellas, pero no a vos. Jamás.
Cada cual es como es y cada cual es uno, aunque seamos dos.
Las carencias que acarrees, las soledades que te acompañen,
los desplantes del solsticio y los equinoccios del vivir,
que alguien mire un poco de más la belleza que está a tu lado,
encienden celos por doquier.
Esos celos que no dejan parir tu vida
porque vivís (o querés vivir) la de ese que está a tu lado,
poseyéndolo, fundiéndote en él.
Poseo mis discos, mis libros, mis películas de Woody Allen y Viaje a las estrellas, pero no a vos. Jamás.
Cada cual es como es y cada cual es uno, aunque seamos dos.
Las carencias que acarrees, las soledades que te acompañen,
los desplantes del solsticio y los equinoccios del vivir,
que alguien mire un poco de más la belleza que está a tu lado,
encienden celos por doquier.
Esos celos que no dejan parir tu vida
porque vivís (o querés vivir) la de ese que está a tu lado,
poseyéndolo, fundiéndote en él.
No sos en vos porque sos
allí, en ese cuerpo hermoso que está a tu lado.
No respirás tu día, desesperás porque necesitás la posesión…
Mientras, vos hacés y deshacés. Marcás en lo que hace y en todo lo que no.
Morís de amor si mira lo que pasa alrededor porque sus ojos son solo para vos.
Cada quien nació para mirar, mirar lo que pocos quieren ver está muy bueno.
Pero mirar al fin. Mirar siempre. Mirar.
Y, sin embargo vos mirás y piropeás y fantaseás,
se lo contás a tus amigos, abrís tu juego,
pero no te bancás que tu media naranja haga su movida, ni un avistaje,
y entonces ya es medio limón y todo va tornándose más agrio.
Y te mostrás con fotos en las redes, pero tan solo vos.
Y te rozás fantasioso con alguien muy cercano, pero tan solo vos.
Y te acostás para cambiar un rato de piel, tu piel, pero lo hacés tan solo vos.
Y vos podés hacer y digitar, cristalizar, nevar, llover o desplegar el sol,
pero lo hacés tan solo vos.
No respirás tu día, desesperás porque necesitás la posesión…
Mientras, vos hacés y deshacés. Marcás en lo que hace y en todo lo que no.
Morís de amor si mira lo que pasa alrededor porque sus ojos son solo para vos.
Cada quien nació para mirar, mirar lo que pocos quieren ver está muy bueno.
Pero mirar al fin. Mirar siempre. Mirar.
Y, sin embargo vos mirás y piropeás y fantaseás,
se lo contás a tus amigos, abrís tu juego,
pero no te bancás que tu media naranja haga su movida, ni un avistaje,
y entonces ya es medio limón y todo va tornándose más agrio.
Y te mostrás con fotos en las redes, pero tan solo vos.
Y te rozás fantasioso con alguien muy cercano, pero tan solo vos.
Y te acostás para cambiar un rato de piel, tu piel, pero lo hacés tan solo vos.
Y vos podés hacer y digitar, cristalizar, nevar, llover o desplegar el sol,
pero lo hacés tan solo vos.
Somos libertad. Vuelo al
cielo. Ser.
¿Por qué entonces no dejarlo ser?
¿Por qué enloquecer cuando alguien mira si vos mirás?
¿Por qué enloquecer cuando lo miran si a vos te encanta que te miren?
¿Por qué atravesás un puente de infinitas fotos, zarpadas filmaciones, furtivas encamadas?
¡No! Grito en el cielo. O en el infierno que te domina.
Total, decimos lo que está bien, lo que está mal.
¿Por qué entonces no dejarlo ser?
¿Por qué enloquecer cuando alguien mira si vos mirás?
¿Por qué enloquecer cuando lo miran si a vos te encanta que te miren?
¿Por qué atravesás un puente de infinitas fotos, zarpadas filmaciones, furtivas encamadas?
¡No! Grito en el cielo. O en el infierno que te domina.
Total, decimos lo que está bien, lo que está mal.
Hacemos lo que sea, pero
jamás que lo hagas vos.
Y así secuestran tu mundo, te alejan de tus confites.
Y así te cortan ser feliz con “esas cosas” que hiciste siempre, tan simbólicas para vos.
Y claro, vos cedés porque no querés quedarte solo, porque elegís al rebaño que
predice una pareja hecha y derecha, con papeles y descendencia,
la utopía que viene de tus ancestros: más amigos que sexuales, distintas camas, la misma habitación por veinte o treinta años.
Y ¿para cuándo ser? Ya te afiebraron sus celos…
Y ¿para cuándo animarte a más? Ya te aquietaron sus furias…
Celos de nada. Furias de nada. Sombras en sus propios mundos, de perder la posesión, Gollums de manteca, Dracos de cartón.
Te encierran en sus museos de jardín. Te atan al “nada o yo”.
Te tiran pestes de tus confites, aquellos gustos que fueron tus compinches.
Te maltratan, los dejás. Te prohíben, los dejás.
Te aíslan de la vida conocida y te visten a su ilusión.
Una línea de hielo fina que puede partirse para que las orcas se hagan un festín.
Allí estás. Allí te quedás. Y es un refugio, pero tu refugio, sí.
Y así secuestran tu mundo, te alejan de tus confites.
Y así te cortan ser feliz con “esas cosas” que hiciste siempre, tan simbólicas para vos.
Y claro, vos cedés porque no querés quedarte solo, porque elegís al rebaño que
predice una pareja hecha y derecha, con papeles y descendencia,
la utopía que viene de tus ancestros: más amigos que sexuales, distintas camas, la misma habitación por veinte o treinta años.
Y ¿para cuándo ser? Ya te afiebraron sus celos…
Y ¿para cuándo animarte a más? Ya te aquietaron sus furias…
Celos de nada. Furias de nada. Sombras en sus propios mundos, de perder la posesión, Gollums de manteca, Dracos de cartón.
Te encierran en sus museos de jardín. Te atan al “nada o yo”.
Te tiran pestes de tus confites, aquellos gustos que fueron tus compinches.
Te maltratan, los dejás. Te prohíben, los dejás.
Te aíslan de la vida conocida y te visten a su ilusión.
Una línea de hielo fina que puede partirse para que las orcas se hagan un festín.
Allí estás. Allí te quedás. Y es un refugio, pero tu refugio, sí.
En estos años de andando y
desandando lo comprendí mejor.
Salir de mi burbuja de desazón.
Pelé el momento y fui feliz. Dejé volar para poder volar también.
Y muchas veces nos miramos en la cima. Allí donde pocos se atreven a llegar.
Jugué en cada juego como jugué toda la vida, sin que una frase lo estropee todo.
Abracé a los que quise, los besé también, me entregué a otra pasión,
la del camino por andar y desandar,
y vi también que vos lo hiciste,
y ahora que los caminos se partieron, que las vivencias nos distancian,
más creo en el amor.
Las inseguridades son de los otros, de los celosos, los posesivos, vampiros de la luz.
Salir de mi burbuja de desazón.
Pelé el momento y fui feliz. Dejé volar para poder volar también.
Y muchas veces nos miramos en la cima. Allí donde pocos se atreven a llegar.
Jugué en cada juego como jugué toda la vida, sin que una frase lo estropee todo.
Abracé a los que quise, los besé también, me entregué a otra pasión,
la del camino por andar y desandar,
y vi también que vos lo hiciste,
y ahora que los caminos se partieron, que las vivencias nos distancian,
más creo en el amor.
Las inseguridades son de los otros, de los celosos, los posesivos, vampiros de la luz.
Mientras, otros cellos, los
que pintan Smooth criminal dan guerra a las voces de Santana y Sebastian
y rompen la estructura lírica de los cellos de Sainte Colombe y Marais.
Mis ojos lanzan al universo una cálida mirada
buscando un rebote en la tuya, seas ya quien seas, donde quieras que estés.
y rompen la estructura lírica de los cellos de Sainte Colombe y Marais.
Mis ojos lanzan al universo una cálida mirada
buscando un rebote en la tuya, seas ya quien seas, donde quieras que estés.
Yo no te poseo. Giro en
descubierto. Te dejo ser y soy.
Respiro.
Hay tanta agua.
Nado.
Hay tanto cielo.
Vuelo.
Hay tanto sol.
Brillo.
Hay tanto aire.
Respiro.
Hay tanta agua.
Nado.
Hay tanto cielo.
Vuelo.
Hay tanto sol.
Brillo.
Hay tanto aire.
No dejo de temblar a tu
lado.
No dejo de llorar cuando no estás.
No dejo de sentir tu amor ni un instante.
No dejo que la emoción me cargué de vacíos.
No dejo de sentirme vivo y ver que tus sentidos vuelan.
Y me dejo caer, aquí, ahora, para volver a renacer en lo que tenga que suceder.
Andando y desandando.
No dejo de llorar cuando no estás.
No dejo de sentir tu amor ni un instante.
No dejo que la emoción me cargué de vacíos.
No dejo de sentirme vivo y ver que tus sentidos vuelan.
Y me dejo caer, aquí, ahora, para volver a renacer en lo que tenga que suceder.
Andando y desandando.
Diego TL
img: Sebastián Scott

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