No hay como el dulce abrazo de un amigo dulce.
Ayer lo tuve. Fue en mí. Fui en él.
Los malos tragos y las inseguridades pasan cuando estamos
cerca.
Los malos tratos se olvidan porque en la caja solo hay amor.
Solo sé sonreír.
Una escalera al cielo pinta más versos que los tangos del
vecino.
Solo guiñaste un ojo y diste mecha.
Viviendo en la ciudad la guerra está latiendo,
algunas pocas voces se levantan y otras están muriendo,
apestan al oído, lo tiñen todo de rosarios y miserias,
y ¿dónde hay más refugio que en tu abrazo?
Podrán endulzarnos los oídos, podrán lamernos cuantos culos
necesiten lamer,
podrán jugar al gato y al ratón como si un simple juego
hablara de amistades y verdades,
y nunca podrán entenderlo de verdad. Nunca podrán alimentar
más que sus rabias.
Un horizonte al despertar nos basta para seguir. No hay
muchos más misterios en eso.
Despertar en la gran ciudad anima los sentidos…
El abrazo sanador desgarra las envidias, las tritura y las
confina al formol.
Revelación. Mutación. Transformación. Transfiguración.
Salvación.
Sin aislamiento. Sin desolación. Solo elevación.
Despertar, luego de una noche así, da alegrías para seguir.
Los gustos son en vida. Son ahora. Son de lo que hay.
Las miradas cómplices se suman a la partida y todo fluye.
Al que no vuela nada lo ayuda. Nunca se sentirá caer.
Vientos mendigos buscan su refugio. ¿Saben acaso lo que es
el abrazo?
Muestran amigos por aquí, sonríen amigas por allá,
y el día de sus cumpleaños todos llegan por una tarjeta.
Nadie se conoce, nadie se conocerá.
Y se abre el mar, danzan los tiburones al compás de la
sangre.
Dejan las marcan, corrompen los cuerpos, tragan las almas y
los dejan hundirse.
Después, pasan las olas, sube la marea, baja la marea, sube
la marea, baja la marea,
y todo vuelve a la orilla para volver hacia atrás.
En otro mundo, chocamos las copas, se prende el sahumerio,
se hace la música,
se abrazan los corazones, se ríen los huesos, se hace la
flor hacia la luna.
Diego TL
img: Sebastián Scott

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