No deja de asombrarme

No deja de asombrarme.
Alguien da su palabra para acompañarte en algo
y al día siguiente da marcha atrás en pos de una nueva seducción.
Me asombra que me asombre,
le asombra a un amigo que me asombre.
Me da pena.

Después, te ponen mil excusas para congeniar un encuentro
y a la noche son puras selfies.
Pero dicen que te quieren.
Pero dicen que sos muy importante en sus vidas.
Pero no pueden verte así nomás y, sin embargo,
posan con otros a los que sí quieren y pueden visitar.
Ni pena...

Otro amigo me dijo una vez: “A vos te tienen, a ellos
necesitan canjearlos con regalos, adornos y visitas.
A vos te tienen en la madrugada junto al cajón,
en la guardia de algún hospital,
llevándoles cigarrillos y comida a la cárcel
o regalándole tu tiempo de tormenta de ideas o de estudios”.
Los amigos primero. No para todos, ya sé.
Es una pena.

Hay un instante, ese efímero momento,
en que el sol se guarda para alumbrar otros paisajes.
En ese instante, en ese efímero momento,
llega la luna para robarte una sonrisa porque ya no hay prisa.
Todo oscureció.

No dejan de asombrarme las tantas vueltas que tiene alguien para definir.
Entiendo los matices, el justo medio, los grises,
pero una vez que está casi definido es negro o es blanco, no hay mucho margen para desteñir.
Penan y penan.

Doy un paso al costado, salgo al balcón a tomar aire,
llevo papel y ganas de sentir,
me cuelgo con asombros y con penas
hasta que vuelvo a una condensación de ahogo
al ver a un hombre con su pequeña cruzar la avenida por el medio,
giro y me encuentro con una dama arrojar un papel para que alguien lo levante con la pala.
Pena, simplemente pena.

Así que vuelvo en mí. Me tiro al piso para aliviar tensiones,
relato lo que pinta, lo que sucede alrededor,
y vuelvo a renacer cuando tocan el timbre aquellos que entienden de amistades,
que no necesitan invitaciones ni palomas mensajeras,
y que saben de memoria los tangazos de ocasión,
y descorchan la alegría del encuentro,
sirven los abrazos que detienen vientos,
chocan las copas que quitan penas,
y abren el pentagrama para que la palabra se acomode a la música que hace la noche.

Diego TL
img: Sebastián Scott



No hay comentarios:

Publicar un comentario