Joni Mitchell se cuela en los oídos como despertando el sueño

Joni Mitchell se cuela en los oídos como despertando el sueño.
Nada es real. Solo vos y yo.
No lo son los 870 contactos del face.
No lo son los que solo se taran de hablar de ellos y sus rollos.
No lo es la risa que propone un cambio, una esperanza de transformación
si cuando cuenta la guita se olvida de lo que dijo.
No lo son las promesas de visita cuando si hay luz la gente sube.
No lo es adelantarte una desgracia; bah, un serio inconveniente, y al día siguiente obrar como si lo que te contaron ayer nunca hubiera pasado. ¿Bipolaridad? ¡Tripolaridad!
No lo son ni los ME GUSTA que se ponen, en una red, a un video que dura por lo menos 3 minutos o a un texto cuya lectura es de casi 5 cuando el signo positivo, ese me gusta, aparece en menos de 1 minuto del posteo. ¿Viste? ¿Qué viste? ¿Qué leíste? ¿Qué es eso? ¡Poner por poner! Estar de tan solo estar.
No lo son cuando te cuentan un enrollante lío y al día siguiente cambian de tema como si una dimensión en paralelo se hubiera impuesto de repente y se olvidaron, ya está, de LA GRAN COSA.
Nada es real de lo que no queramos ver, vos y yo. Lo demás es lo que es, solo eso, gotas de una fantasía que nos salpica y que aprendemos a secar, cada vez, más rápidamente.
El juego de los conocidos que se tornan amistades y de las amistades que se tornan desconocidos y contar con los dedos de una mano las dulces voces que nos cobijarán estando, aportando, acompañando, soportando nuestro peso de lágrimas en sus hombros. Pocos. Simplemente, pocos. Los demás, que sigan en su carrusel de mundo. Y miren los dulces posteos como si la risa de la foto del día dijera que TODO ESTÁ MUY BIEN.
Mirar la superficie, no vaya a ser que esta vez tengan que comprometerse con uno.
Joni Mitchell viste la canción con su espesor de sensaciones, regalos que solo vos y yo podemos acoger. Otras orejas, otras mentes, otras almas, quizá, se animen a mirar ambos lados ahora. O nunca. Y vivan en sus metafísicas mentiras de temores y desamores.
Nada es real, solo la verdad. Nuestra verdad. Nuestra ilusión. Nuestra huella reflejada en ese tatuaje compartido, golondrinas que parten hacia la primavera y retornan al infinito del amor.


Diego TL
img: Sebastián Scott

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