Una parte de mí dice STOP

Una parte de mí dice STOP.
Mis amigos no.
Ellos siguen envueltos en sus misceláneas.
Dicen que aman. Poseen. Dicen que dan libertad, pero no tienen tiempo.
Y después me sueltan que sus parejas los engañan.

Hoy se termina todo. Prefiero pensarlo así.
Mis amigos no lo saben, pero esperan tener un rato de tiempo para verme.
Van a llamar, pero nadie contestará.
Van a esperar, pero nadie los llamará.
Van a llevar flores, arrepentidos o vaya uno a saber por qué, pero no habrá tumbas dónde hincar…
Todo se habrá terminado. Quedarán las ruinas en silencio de lo que existió y amó.

Terminó este año y por fin pude despegar de la psicopatía.
Ese mosntruito que gobernaba todo y que me tiró los efluvios de miseria.
Ya no te veré más, y tampoco organizaré ya nada porque mi memoria se esfumó.
Pude terminar con la histeria de aquellas hermosas almas que prometían todo
y jamás tenían tiempo para mí, aunque luego aparecieran en múltiples fotografías
de fantásticos amigos que jamás están cuando los necesitan, pero te invitan a la mar.
Se acabaron las malicias de aquellas mulas que subestiman porque dejo que me subestimen.
Soy cadete de la nada, empleaducho del todo y un mísero jinete del bajo nivel.

Hoy es el fin.
Me voy para siempre de la histeria que me proponés,
me alejo de la astucia que desplegás para atraparme en un despiste,
me esfumo de la piel de las burbujas que disparan ilusiones.
Me voy. Me voy. Me voy.

Mientras, mis queridos aman a sus queridos,
pero se enloquecen si hacen lo que ellos mueren por hacer,
y no les importa porque solo piensan en ellos, mientras joden por su cuenta.
Mis queridos dicen que está todo bien y justifican las acciones de sus queridos,
pero jamás hacen nada de lo que hacían antes.
Dicen que harán, pero luego hacen lo contrario, eso que cuestionan día a día.
Se encaraman a lo cotidiano, aunque los desborda que sus queridos afilen los colmillos;
avanzan hacia lo que jamás harían en teoría, pero hacen en la práctica.
Contradicciones, dirán. Claro que sí.
El famoso que hagan lo que digo, pero no lo que yo hago.

En fin, hoy se termina todo.
Se terminan las histerias. Se terminan las provocaciones.
Hoy me muero bien muerto porque nadie me llorará.
Serán unas cuantas horas de palidez y después a tierra.
Un cable a tierra, sí, para cambiar el juego de las cartas.
Y mientras vos elegís dormirte al compás de mis palabras,
y mientras vos elegís cerrar el círculo para tus elegidos,
y mientras el juego se diluye como el jugo en una jarra,
empiezo a recordar que puede haber un sol atrás de la alborada.
Distintas frecuencias, los mismos sabores.

No tengo mucho más para decir que aquellas frases que quedaron sueltas:
“Tenemos que vernos antes que termine el año”,
“Hoy no puedo, mañana tampoco, pero pasado sí, si es que mi querido no está”,
“Paso a visitarte o venite por mi casa, aprovechando que mi querido hace la suya”.
Descartes. Siempre descarte para aquellos queridos que la tienen clara,
que te humillan con sus altanerías y que te quieren marcar un camino que jamás hicieron.

Pero basta, STOP, porque hoy se acaba el mundo para mí.
Nadie sabe lo que se siente cuando se crea, cuando se padece.
Consejos de alegrías, pero ninguna sonrisa.
Ya no queda aire para mí.
Ya no queda nada que perder.
Ya no tengo tiempo para descubrir mi mar.
Ya es tiempo de morir.
Y renacer.
Y esfumarme.
Y nunca más, por los siglos de los siglos de los siglos, volver a parecer.

Hoy se termina todo y mañana los diarios darán la noticia.
Y alguien mirará la foto y dará vuelta la página, como corresponde.
Los policiales quedan para aquellas almas que duermen la siesta y no saben qué hacer con su tiempo.
El cortejo pasa. La luz se apaga. Un nuevo horizonte espera.

Hoy se levantan las copas.
Llueve. ¡Qué felicidad la lluvia, por favor! Llueve.
Abro los brazos hacia mis lágrimas para limpiar
y me mojo, me mojo como a vos te gusta que me moje,
como me gusta a mí, porque si llueve sé que mañana amanecerá con sol.

Diego TL
img: Sebastián Scott






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