¿Dónde quedó mi Navidad?
Se fue con los verseros domingos en la iglesia. Se fue con
dios.
Sin mares para acariciar. Sin cielos donde morir. Se fue. Se
fue así, tan redepente…
La navidad se fue sin nieves y con muchos calores.
Se llevó los aguinaldos que nunca nadie me pagó.
Se fue con los regalos que no pude jamás obsequiar.
Se fue cuando la religión se devoró lo espiritual. Se fue.
Se fue de mí.
La navidad fingió perderme y cada año me seducía con
arbolitos iluminados.
Y para qué… Si al fin las oportunidades se acaban en las
utopías y el día 26.
Se fue para no dar esperanzas, si al fin de cuentas es el
letargo más febril.
Y en unos días irrumpe el nuevo año con los tragos más
jugosos y las alegrías.
Se fue. Se fue de mí. Se fue así, tan redepente…
Tan rápido como un rayo quebrando la noche.
Tan fulminante como la risa limón de dos rosas sin espinas.
Se fue la navidad tan redepente que no alcancé a extrañarla.
Y para qué…
Pasaron siglos como monedas cayendo en una máquina del
bingo.
Y se hizo una luz. Se hicieron las luces. Alguien creó un
arbolito en casa.
A lo mejor fue el corazón que lo hizo explotar.
A lo mejor los sueños se precipitaron desde el sur.
La navidad llegó otra vez, sin religiones ni mensajes.
Llegó para acunar un tiempo de llamar al otro, de componer
abrazos, de sonreír.
La navidad se coló en la casa con un gnomo y un arbolito,
imponiendo su verde,
encendiendo sus colores, regalando la recarga para llegar al
31 con un gramo
de eso que se llama esperanza y de la que mucho descreí, y
descreo.
No pude cerrar las puertas ya. Tampoco me acomodé para
endulzar las falsedades de las 12.
No pude cerrar las ventanas ya. Y pude ver los fuegos
cortando la noche, iluminando el cristal.
Se fue. Se fue de mí. Se fue así, tan redepente…
Pero hay veces en que los duendes salen a despertarlo todo…
Es caprichoso el azar…
Una mirada y eso puede suceder….
… y ya no es milagro.
Diego TL
img: Sebastián Scott

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