Se acaban los paisajes

Se acaban los paisajes,
se acaba el amor,
se apagan las ventanas y no se vuelven  a abrir,
se sellan las cortinas y se incendian las alegrías,
se acaban los paisajes del mejor sabor porque se fue de mí.

Se termina el año, el mundo,
el misterio. Se abre la nada.
El pelo desprolijo, la barba de linyera, la panza en tintos,
la mirada perdida. ¿Qué más quiero? ¿Qué más poseeré?
Los brillos se esfuman y hay que empezar de nuevo. ¿Tengo ganas?
¿Podré sobrevivir a la cama vacía?

Pero ahora es tiempo de brindis,
de reemplazar tomates y lechugas,
de chanchos, aves, vacas,
más tragos, risas y decir mil mentiras para agradar
a quienes no te dieron una soga más que para acentuar indiferencias
o ahorcarte un rato más.
Ahora es tiempo de crisis también
y ya vendrá una tibia melodía con nuevos brotes y mejores sabores.
Hoy no puedo pensar, no puedo peinarme, no puedo ni enjuagar mi cara para hacerla luz.
Las luces me abandonaron cuando desconectaron mi pesadez.

Antes de cerrar este ciclo,
antes de encontrar las nuevas vibraciones,
antes de morirme esperándote desnudo,
antes de buscar una salida en una fuga de cocteles y humos,
antes de girar la llave para trabar la entrada,
antes de escuchar las ráfagas de historias justificando los vientos de cambios,
me detengo un instante a recordar los buenos tiempos
y ahí está la clave del vaso medio lleno,
de sentir protagonismo al mirar mis huellas ilustradas,
al darme cuenta que seguir es aceptar que hay oportunidades,
que hay hombros, que hay un poco de luminosidad
y que habrá sonrisas que inflen el pecho y arrasen mis ojos, que me hagan sonreír.

Diego TL
img: Sebastián Scott



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