aquella amiga
confesora de las miserias,
aquella que alertaba
mis inseguridades para fortalecerme en el encuentro,
aquella que se animó a
escuchar mi peor canción.
En pocos días levantaré
otro muro y para siempre.
Se abrirán los
aeropuertos para que viajes,
se aquietarán las
aguas para que nades,
se formará un ciclón y
arrasaré el silencio.
Imagino que las
partidas siempre son sin despedidas
porque los arribos son
sin avisar.
Empiezo a ver otras
caras,
aquellas que se
olvidaron de mí,
aquellas que visten
cementos y no conmigo, solo por vestir nomás,
aquellas que juntan
amigos como mendigos juntan monedas a la salida de un bar.
Empiezo a verme por
dentro, y no es que no lo hiciera antes.
Pasó que estuve
distraído tratando de volver a mí.
Pasó que fui caminando
hacia la nada y me volví.
Pasó que se cayeron
otros muros y no supe poner la red.
Siento que nos sobran
los motivos para regalarnos las alas
porque los vientos
soplan y hay que volar.
Y a vos, que te
regocijaste en otras caras, te digo que
no habrá excusas para
que te prendas fuego,
porque ya no habrá más
aguas por aquí.
Ahora que respiro
nuevos continentes
quedate con los
lastres que iluminan tu estampa.
Seguí paseando por los
shoppings, seguí edificando tu fortuna,
seguí probándote los
sueños de lo que jamás podríamos vestir,
seguí atravesando
cuerpos mientras te hacés el chico fiel,
no es que me moleste
un poco, es que me río porque después llorás si sospechás.
Ahora que tu maletín
está repleto y no atendés el celular,
podés tirar la foto de
carmelita descalza en pos de un mundo nuevo por curtir.
Te hablo a vos, sí, al
miserable, a ese que cerró el contacto,
a ese que no sabe
distinguir entre el amigo y el ocasional.
Te hablo a vos que
desenmascaraste tu suciedad
tan solo para
resguardarla bajo la alfombra.
Los tiempos corren, yo
ya no estoy;
te aviso por si hacés
sonar el timbre más de tres veces, ya no contestará mi voz.
Las águilas se atreven
a subir al horizonte de la nada y del todo.
Allí, desde la cúpula, se puede ver el mar, se ven los humos del camino,
se ven las huellas que
dejó mi sol.
Allí, desde la simple
soledad que da el encuentro con uno mismo,
me puedo recostar,
recordar las dulces páginas escritas
y repensar las que aún
me quedan por llenar.
Diego TL
img: Sebastián Scott

No hay comentarios:
Publicar un comentario