Ayer por fin pude
despejar las cosas.
Volver a cruzar el umbral.
Intentar sentir el fuego.
Dejar que la cabeza explote,
y vaya si explotó.
Ese gozar tan parecido a morir.
Ese nacer tan diferente a matar.
No importó que las paredes miraran
ni que el timbre no sonara
ni la desolación ni la nostalgia.
Ayer, aunque era noche, las velas fueron más que
luz.
Y viste que cada cual
queda atrapado en su infinito constante.
Cruzo la linea.
Doy vuelta la esquina.
Me estanco
en el recuerdo.
Alguna página va a dar
vuelta y una nueva hoja me abrirá su puerta.
Diego TL
img: Sebastián Scott

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